30 dic. 2012

Escapismo

De todas formas, lo que vemos en la televisión se vive a otra escala en el barrio. Ahí va una colección de respuestas que siempre vienen bien para salir airosamente de atolladeros.

a)    negar la evidencia:
-       Oiga,  que le he visto meterse la lata de atún en el bolsillo.
-       Me está insultando.

b)    apelar a los correligionarios:
-       Qué cara, llega la última a la fila y se quiere colar.
-       (todos a coro) eso, a la fila, eh, usted deje pasar a los primeros

c)    mantener la presunción de inocencia:
-       es que en el taller no me dieron factura, no sé, yo dije que no necesitaba el papel…

d)    no dimitir nunca:
-       que no, que no me bajo yo del autobús
-       oiga, que no hay más asientos libres y todas las personas han de ir sentadas y atadas
-       no me bajo, si quiere llame a la policía, estoy en mi derecho de subir al autobús



e)    hacerse la víctima:
-       ¡se me han saltado en la lista del médico!, estos funcionarios que no saben ni tomar nota, para eso están para cobrar por estar aquí y no preocuparse de hacer bien su trabajo

f)     acudir a todos los festejos:
-       me duele todo, pero al final fui, he pasado una noche malísima con dolor de huesos y no he dormido nada pero fui porque me lo pidieron, yo por hacerles un favor.


De manera que no es necesario ser hipócrita ante hechos político delictivos, basta con aceptarse tal como somos: unos defraudadores cada vez que podemos.

Silvia

31 ago. 2012

Lamento

Curiosamente en el lecho de muerte el moribundo apela a los deseos incumplidos a lo largo de la vida, a aquellos  “ojalá hubiera”. 
Sí y el sexo no es el asunto más nombrado.

Quienes trabajan cerca de estas personas y también los cuidadores resumen en cinco las frases más repetidas:

1- Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo.
2- Ojalá no hubiese trabajado tanto.
3- Ojalá hubiese tenido el valor de expresar mis sentimientos.
4- Ojalá me hubiese mantenido en contacto con mis amigos.
5- Ojalá me hubiese permitido ser más feliz.

¿qué o quienes no nos permiten cumplir nuestros deseos? ¿son terceras personas o nuestra implacable primera persona?
A reflexionar!!! Que el verano no nos haga inválidos, sino todo lo contrario.



Silvia

20 ago. 2012

3, 2, 1 y acción

Mis procesos mentales dejan fuera la emoción, de lo contrario no me explico cómo pude elegir del supermercado una salsa que no habría probado nunca, ni sabía si me gustaba. 
A juzgar por su apariencia la salsa no era muy apetecible pero la imaginé sobre unas tiras de excelente carne mechada, la deseé compartida con él, la regué de vino a su temperatura exacta, fantaseé con la conversación y qué llegaría después...

Aquella marca era para mi totalmente desconocida, ni siquiera conocía el logo ni un anuncio en tv, de manera que ¿qué características estaba valorando mi escala de valores?.

Lo saben bien los marquistas, plusmarquistas, políticos, marketinianos y hasta las tendencias religiosas: toda marca ha de ir asociada a una idea, por tanto a una ilusión, a algo inmaterial, a la corazonada.



Así que las investigaciones van por ahí: activar las corazonadas. Es un hecho: el 70% de nuestras compras son producto de los flechazos menos racionales. Yo diría que la pareja también es una elección irracional.
A pesar de las buenas intenciones verdes y pro-responsables que muchos tenemos, las prisas nos llevan a decidir en una milésima de segundo: un chispazo que va desde el cerebro a la mano para agarrar el primer paquete -de la estantería o con cremallera-. Tanta información para qué, para que la ansiedad nos dé una resolución rápida y sin garantías de buenos resultados.

Yo quiero ser prosumidora, recomendadora, celestina, quiero ser emocionalmente inteligente para que la expectativa incumplida no me hunda afectivamente

Resulta paradójico que cuando más aparatos tenemos conectados alrededor de nuestras vidas, sea un chispazo cerebral el que resuelva nuestras dudas y atropellos diarios.

Silvia

10 ago. 2012

A vueltas con la TCP

No comparto la TCP, no. A mi modo de ver es un antojo de embarazada: escucha no hay necesidad de comer cerezas bañadas en chocolate una madrugada de noviembre. El bebé no saldrá con mancha de antojo, tranquila. 

Pues lo mismo: ¿qué necesidad hay de abrir una puerta desde una habitación con poca gente y arreglar el pasillo que está destrozado hasta otra habitación donde también hay poca población?. Ni el inicio parte de una casa con infraestructura decente, ni el destino lo tiene tampoco.

Acaso no es menos costoso usar las vías ya probadas y exitosas? Sólo hay que seguir las instrucciones ya conocidas y satisfactorias: salir de tu habitación, entrar en el piso de al lado que está bien equipado con WC y salas de estar que además tiene cinta transportadora de gran capacidad para llegar hasta la casa destinataria donde tienen experiencia en recepción de gentes y materiales.

Pues aun reconociendo que las vías actuales están requetebién, los aragoneses tienen –muchos, no todos- antojos nocturnos y quieren la TCP bañada en chocolate una noche otoñal.
Leo que los empresarios aragoneses de mercancías solicitan comunicación de ferrocarril con los puertos del Cantábrico y Mediterráneo. ¿de quién surge la idea de TCP? Óiganme: que los empresarios no la reclaman, ojito que los principales usuarios potenciales no reclaman la TCP.



A pesar de los sesudos (y pagados) estudios exponen que para el año 2030 podrían (véase el uso verbal de un futuro imaginario e ilusorio) pasar por la TCP 30 millones de toneladas /año. Eso no se lo creen ni los gamusinos de los bosques pirenaicos.
Las cifras reales muestran que para toda España esa cifra real será de 10 millones/Tn/año.  Es decir que según los gamusinos por la TCP pasaría 3 veces lo que mueve toda la península.

Está claro, si nos creemos esas hipótesis (pagadas, insisto) lo que hay que hacer es más que una TCP, es un canal de Suez y de Panamá juntos. Para antojos los míos!

Silvia

1 ago. 2012

Ministros robados

Érase una vez …una familia inclinada a la derecha de una localidad castellana, en 1952 la madre se embarazó dando a luz en febrero del año siguiente a un niño varón al que pondrían por nombre José María. Un nombre tan común como sus dos apellidos. Nació en la villa de Madrid, en la capital de la una, grande y libre nación española como seguramente a él le gustaría apostillar. 
Implicado en asuntos sociales y económicos se inmiscuyó primero en Hacienda y en una de sus tropelías en la ciudad del vino –Logroño- recibió un puñetazo que le partió en labio y desde los 26 años peina bigote.
La misma familia tuvo de nuevo otro embarazo dos años más tarde, la madre en estado avanzado y con amplia familia resolvió contar con la ayuda de bondadosas monjitas. Las sores cuidaban por las almas de Dios en la tierra y provocaron orgullosas que el nuevo bebé llegara al mundo el día de Reyes del año 1958. Envolvieron al varoncito en los mejores paños, lo acercaron a la madre que dándole un besito lo despidió para siempre no viendo la vida en sus cerrados ojitos.



Los paños fueron abiertos ante una nueva familia de origen soriano, lejos de la ruda península y al sol de las islas afortunadas.  El niño fue bautizado José Manuel.
La familia isleña y adoptiva estaba feliz, brillaba más que la reverberación del sol sobre la playa del Inglés.  El padre comerciante de apellidos castellanos quiso que el hijo estudiara Empresariales y se hiciera un hombre al otro lado del Atlántico entre mujeres caraqueñas.
El hijo obediente y machote cumplió familiarmente, pero la sangre que corría por sus venas le llamaba desde el centro del PP españolista.

Y fue allí donde ambos se encontraron: José María y José Manuel, ambos Josés, ambos peperos, ambos López.
El mejor alimentado en su niñez mide quince centímetros más, tuvo la suerte inmensa de crecer en una familia pudiente.  El más bajo peina el mismo bigote ya canoso.

Sin embargo, aquel encuentro se ocultó a los medios porque hubiera sido el prolegómeno de casos de bebés robados.

Silvia

26 jul. 2012

Evolucionar

Hay que evolucionar y dejar que el mundo animal avance también, que una especie devore a otra, desear que un meteorito impacte contra la superficie terrestre y acabe con la vida de quienes justo pasaban por allí. El cambio es evolución.




En nuestra propia historia deseamos en varias ocasiones que llegue un meteorito o un camión y que aplaste a un ser indeseable. Que sea fulminado por una razón extraña para no involucrarnos nosotros mismos en el cumplimiento asesino de nuestros deseos.
¿Cuántos ojalás hemos deseado en nuestra existencia? Desde el “ojalá suspendas” al “ojalá te atropelle un camión” u “ojalá se estrelle tu helicóptero”.
Cuando no sabemos cómo manejar una situación apelamos a las Fuerzas de arriba.

Silvia